PASEADORES DE PERROS, URGEN MEDIDAS ESTRICTAS
A partir del siglo XX, particularmente en grandes ciudades como Londres, Nueva York y Tokio, los procesos de urbanización, el incremento en la intensidad de la vida laboral y el aumento en la tenencia de animales de compañía generaron una creciente demanda de servicios especializados para el cuidado de mascotas. En entornos urbanos densamente poblados, caracterizados por viviendas reducidas y jornadas laborales extensas, comenzó a consolidarse la figura de las personas paseadoras profesionales de perros como una actividad de apoyo para las familias.
Con el paso del tiempo, este servicio evolucionó e incorporó actividades complementarias, tales como cuidado a domicilio, guarderías para perros (dog day care), adiestramiento básico, servicio de recogida y entrega, reportes fotográficos para las personas tutoras y atención especializada para perros con necesidades particulares.
Posteriormente, la aparición de aplicaciones y plataformas digitales —como Wag! y Rover en Estados Unidos, así como diversas aplicaciones locales en otros países— facilitó la vinculación entre personas paseadoras y tutoras de mascotas, permitió la implementación de pagos electrónicos, sistemas de calificación y expansión del mercado. Ello contribuyó a una mayor profesionalización de la actividad y a su incorporación dentro de la denominada economía de plataformas digitales.
Estados Unidos y Reino Unido fueron algunos de los primeros países en desarrollar mercados organizados de este tipo de servicios. En ciudades como Nueva York, Londres y Los Ángeles es común, desde hace varias décadas, la existencia de empresas y personas trabajadoras independientes especializadas en el paseo y cuidado de perros.
En países como Australia y Canadá también se han consolidado mercados desarrollados que combinan servicios profesionales tradicionales con empresas tecnológicas especializadas.
En América Latina, incluyendo México, la profesionalización de esta actividad ocurrió de manera más tardía respecto de Estados Unidos y Europa; sin embargo, durante las últimas dos décadas ha experimentado un crecimiento acelerado derivado de la urbanización, el aumento en la tenencia de mascotas y la adopción de plataformas digitales. Ciudades como la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey concentran actualmente una importante oferta de estos servicios.
En Asia, particularmente en ciudades como Tokio, Seúl y Singapur, también existen servicios de paseo y cuidado de mascotas adaptados a contextos urbanos de alta densidad poblacional, donde incluso la normativa en materia de bienestar animal influye en la forma en que dichos servicios son prestados.
En México, la figura de la persona paseadora de perros comenzó a popularizarse a partir de los años 2000, teniendo una expansión considerable entre 2010 y 2020, principalmente en las grandes ciudades del país.
En la Ciudad de México, el servicio profesional de paseo de perros ha registrado un crecimiento notable en los últimos años. Esta actividad representa una fuente de ingresos para numerosas personas, contribuye al bienestar animal mediante la socialización y el ejercicio de las mascotas, y atiende las necesidades de familias con estilos de vida predominantemente urbanos. No obstante, el crecimiento masivo y, en muchos casos, desregulado de este servicio también ha generado riesgos y
problemáticas relevantes, entre las que destacan incidentes entre animales, agresiones a personas, extravío o abandono de mascotas, afectaciones a la salubridad urbana derivadas del manejo inadecuado de excretas y la ausencia de mecanismos claros de responsabilidad civil y atención de quejas.
Uno de los principales problemas relacionados con esta actividad radica en el número excesivo de perros que, en ocasiones, son paseados simultáneamente por una sola persona, situación que puede ocasionar pérdida de control sobre los animales y derivar en escapes o extravíos.
Asimismo, la falta de un registro formal y de requisitos mínimos para el ejercicio de esta actividad limita la protección efectiva tanto de los animales como de las personas usuarias del servicio y dificulta la actuación de las autoridades ante situaciones de riesgo, accidentes o conflictos.
En este contexto, resulta necesario considerar aspectos legales y de seguridad relacionados con la responsabilidad civil de las personas paseadoras, particularmente respecto de accidentes, mordeduras, lesiones o pérdida de mascotas. En el caso de
empresas dedicadas a esta actividad, también resulta relevante la contratación de seguros de responsabilidad civil o coberturas específicas para animales de compañía.
De igual manera, es indispensable promover la adopción de buenas prácticas en la prestación del servicio, tales como la evaluación previa del comportamiento de los perros antes del paseo, el establecimiento de límites razonables en el número de animales por paseador, el uso adecuado de arneses y correas, la capacitación en primeros auxilios para animales y la implementación de protocolos de actuación en casos de escape o agresión.
En consecuencia, resulta de suma importancia que, mediante reformas legales, se impulse un esquema de capacitación y certificación de buenas prácticas dirigido a las personas paseadoras de perros. Ello permitiría brindar mayor confianza a las personas tutoras al momento de dejar a sus mascotas bajo el cuidado de terceros, además de facilitar que las personas paseadoras cuenten con información relevante sobre los animales que atenderán, incluyendo esquemas de vacunación y condiciones de salud, con el propósito de prevenir contagios o riesgos para otros perros.
Asimismo, resulta necesario promover campañas de concientización dirigidas a las personas tutoras de mascotas para que puedan identificar adecuadamente el comportamiento y temperamento de sus perrhijos. En este sentido, puede fomentarse el uso del denominado Código Universal de Colores en collares o accesorios, el cual permite identificar si un perro es sociable, nervioso, amistoso, impredecible, agresivo, de asistencia o si presenta alguna discapacidad.
Finalmente, más allá de las medidas regulatorias y de capacitación, resulta fundamental fortalecer la cultura de responsabilidad entre las propias personas tutoras, evitando pasear a los perros sin correa y privilegiando en todo momento la seguridad, el bienestar animal y la convivencia adecuada en los espacios públicos.